A veces, el cine nos regala películas irrepetibles, clásicos instantáneos con escenas, diálogos y situaciones que se asientan en la memoria colectiva y condicionan la evolución de la sociedad. El séptimo arte es algo único en la historia de la expresión artística.

En esta entrada analizaremos un clásico del cine desde un punto de vista muy personal, cuyas imágenes ya son parte de nuestro acervo cultural, cerca del 80 aniversario de ‘Casablanca’. Doy por hecho que ha visto la película doscientas veces (en caso contrario, no siga leyendo, consígala y vuelva a verla inmediatamente), conoce el argumento y recuerda las escenas y las frases.

La película

¿Qué tiene esta película que no tengan otras para conservarse en la memoria colectiva?

Lo primero la historia: el amor. Pero no el amor apasionado de fuego y espadas, el amor loco que nos hace cruzar océanos, el amor romántico de baladas y unicornios o el amor maduro de afecto y resignación. El argumento va más allá, nos muestra algo que normalmente no queremos admitir y que subvierte cualquier relación de afecto mutuo: que el amor es una mierda.

El rol de los personajes es atemporal, arquetípico, los identificamos en nuestro día a día. Son esos seres marginales malditos por amor, unos por exceso, otros por defecto, que no disfrutan las mieles de esta sensación sino que son víctimas de su propia desazón. Sin embargo, en Casablanca los personajes principales son planos durante todo el metraje, simples sufridores de un drama que ellos mismos han provocado. Sólo se desmarcan un poco con sus frases, que pesan más que sus actos. De eso hablaremos luego.

En el aspecto narrativo, la película funciona por sus tres personajes secundarios, que son mucho más interesantes que los protagonistas, a pesar de ser tan estereotipados.

Tenemos al militar francés Renault: cínico, arribista, bebedor, jugador y sinceramente infiel, que vendería a su madre por dinero. De hecho, seguramente se encuentre en Casablanca porque lo hizo. Un canalla encantador que sirve a los nazis por interés, que no tiene ideología, que nunca da respuestas claras y sólo tiene un acto sensible al final de la película, permitiendo que Bergman huya con su Lazslo de su alma. De nuevo, el amor. Hasta el más cínico de los personajes le da una oportunidad, aunque sea a una relación tan interesada.

Claude Rains como el capitán Louis Renault

Tenemos a un Sam que recuerda a los patriarcas negros que sirven en las casas de los potentados americanos (Sam, Tom, Pork, Mammy… Curiosos los nombres de los personajes de color). Es el amigo fiel que sufre la desazón de su amigo, exiliado por amor. Es el correcto, el que prefiere pasar desapercibido, el intermediario de Ilsa cuando no le queda otro remedio. El Pepito Grillo, la voz de la conciencia de Rick, al que acompaña al culo del mundo para huir de sí mismo. Sentimos que es impotente ante la desgracia de sus amigos porque su destino es caer al abismo con ellos.

Dooley Wilson como Sam Wilson

Tenemos a un Lazslo, idealista, luchador, voluntarioso y completamente idiota sin ningún sentido de la oportunidad más allá de sus actos, que ofrece su vida por unos ideales y una causa que ni él mismo entiende porque sabe que es la correcta. Admite que le roben a la chica sin pestañear, el amor por su causa está por encima, y no sucumbe a los sentimientos de venganza. Su lucha es lo importante, es su misión, su consecución trasciende sus motivaciones personales. No puede permitirse distracciones por las mariposas en el estómago de su pareja al volver a encontrarse con su antiguo amante. Dan ganas de levantarse del asiento y zarandearle para que reaccione.

Paul Henreid como Victor Laszlo

Me voy a detener poco en los personajes principales porque, como ya he dicho, son muy planos. Bogart es Rick, autoexiliado de su propia vida, gerente de su local, tan de vuelta de todo, tan ocurrente, tan cínico y desencantado con la vida, que siempre tiene una frase ingeniosa para quitarle hierro a las situaciones. Pero Rick es sólo eso: palabras sarcásticas que forman un muro de protección para su verdadera personalidad. Es un personaje amargado que no quiere ser feliz. En sus actos responde siempre a los tópicos: se emborracha cuando ve al amor de su vida casada con otro, se resigna cuando los nazis le saquean el local, le niega a su amigo Sam el beneficio de la duda.

Otro tanto pasa con Bergman. El personaje Ilsa se tiene a sí misma como especial, distinta, divina, incomprendida y superviviente en un mundo de locos al que no pertenece. Pero eso sí, siempre tiene a un hombre al lado que le saque las castañas del fuego: si no es Rick en París, es Lazslo en Casablanca, o bien le exige a Sam que toque de nuevo la canción (para fastidiar a Rick, no nos engañemos). Es tan etérea, tan por encima del bien y el mal, tan distante de la realidad que lo deja todo por un amor mal entendido. Lo hace en París y lo haría en Casablanca si Rick no tuviera un breve momento de lucidez y viera que, en realidad, no es la mujer que le conviene.

Los actores principales de Casablanca

Sobre el argumento, hay que recordar que la obra viene de una pieza teatral, lo cual ya es una ventaja en la historia ya que tiene una base argumental sólida. Sin embargo, en el guión llegaron a trabajar hasta 5 guionistas consolidados. Si a eso le añadimos que la censura estadounidense (amplificada por la Segunda Guerra Mundial) vigilaba la reputación de los personajes para que no fueran excesivamente canallas, resultó en que el guión estuvo en constante cambio durante el rodaje. Eso es muy malo cuando se trata de diferencias estéticas. Pero es muy bueno cuando las diferencias son argumentales, y más si los que entran en discordia son también genios como los Epstein o Koch.

Michael Curtiz durante el rodaje de Casablanca

El director de ‘Casablanca’, Michael Curtiz, era un profesional del cine, no un autor. Para entendernos, cumplía con su cometido con efectividad y disciplina, a pesar de su pésimo inglés en el momento del rodaje (era emigrante húngaro). Era un “currante” del cine, no una estrella, y lo demostró en Europa y Estados Unidos durante 50 años. Pero en esta película se mojó, y discutió con Koch sobre la conveniencia de incluir el flashback de París, entre muchas otras cosas. Lo que demuestra lo poco atado que estaba el guión durante el rodaje y sí a la producción.

Estética impostada

¿Pero eso hace de Casablanca un clásico?

Necesario pero no suficiente. Hace falta mucho más.

Para empezar el concepto inicial: el amor es un mierda. Y se demuestra constantemente en todo el argumento. Por mucho glamour, frases míticas, personajes estereotipados y tramas secundarias, el amor de mierda es lo que mueve las escasas acciones de los personajes principales, peones impotentes ante las circunstancias que saben que su relación no tiene futuro.

Por otro lado, y fundamental, la estética. Se ve en las escenas principales. Los personajes buenos son blancos, van de blanco, tienen pensamientos blancos… Si hasta el piano de Sam parece blanco (es negro, y es una pianola). Los malos visten de negro, los nazis, las pistolas, los guantes, los documentos… Hasta que llegamos al clímax de la película al final y todo es gris, gris claro: la niebla, la gabardina de Rick, el sombrero de Ilsa, el coche, el avión…

La escena del aeropuerto

Sólo el flashback de París tiene algo de luz, colorido y variedad. Hasta lo enfatiza Rick recordando aquellos días: “Los alemanes iban de gris y tú ibas vestida de azul”. Sólo vemos a Rick feliz en París. En el resto de las escenas se mezclan los contrastes, pero siempre marcando las diferencias: Rick enfadado va de negro, Ilsa acongojada de marrón, Lazslo… siempre de blanco.

«Siempre nos quedará París»

El mismo nombre de la película: Casablanca. No habría funcionado igual si hubiera sido El Cairo, Eritrea o Zimbaue. Tiene ritmo, es exótico y cercano. Palabras hispanas en el continente africano, se identifica rápidamente sin ubicarlo en ningún país. Poca se sabe que este nombre provocó un conflicto de intereses en la época. Groucho Marx, en sus memorias, explica que la Warner le invitó a cambiar el nombre de la nueva y última película de los Hermanos Marx, ‘Una noche en Casablanca‘ (1946) en un hilarante intercambio de correspondencia entre el insigne humorista y la productora. Más información en ‘Groucho y yo‘.

La parte técnica: luz dura muy directa en los planos muy cortos, movimientos de cámara casi inexistentes y muy medidos, diálogos con plano-contraplano constante, filtros difusores para dar sensación de irrealidad, ritmo cadencioso intercalado por planos acelerados y zooms rápidos y directos, saltos de plano, de general a detalle, sin importancia para el raccord… Todo para expresar con imágenes unos valores y sentimientos a los que el guión no llega y que hay que agradecer a Curtiz.

Detalles de iluminación sobre el rostro de Ingrid Bergman

La música: empleada de fondo en su justa medida, sin molestar, sólo aumentada un segundo tras las revelaciones del diálogo. «As time goes by», una canción sacada de un musical de Broadway y adaptada para la película. Tan maravillosa y simple en su melodía (la misma secuencia de 6 notas en tres tonos y una resolución corta, como si fuera el «Satisfaction» de los Rolling Stones, versión años 40) como lo sería el «Moon River» de «Desayuno con diamantes» (1961) años después.

Las frases: lo más destacable de la película. En realidad Ilsa nunca dijo “Tócala otra vez, Sam”. Es el título de «Play it again, Sam» (1972), que traducida al español fue «Sueños de un seductor», extraordinaria película que homenajea el clásico bajo el prisma de Woody Allen.

Cartel de «Sueños de un seductor»

Además de las manoseadas “Siempre nos quedará París” y “Tócala una vez Sam, en recuerdo de los viejos tiempos” (esta sí es la frase de Ilsa), tenemos perlas de sarcasmo, cinismo y resignación como:

  • De todos los bares en todos los pueblos del mundo, ella entra en el mío.
  • Detengan a los sospechosos de siempre.
  • Los alemanes iban de gris y tú ibas vestida de azul. – Sí, he guardado ese vestido. Cuando se marchen los alemanes volveré a lucirlo.
  • ¿Cuánto duró lo nuestro, cariño?
  • Si ese avión despega y no estás en el él lo lamentarás. Tal vez no ahora, tal vez no mañana, pero más tarde, toda la vida…

Pero, ¿eso hace de Casablanca un clásico?

De propaganda a clásico

Cientos de películas cumplen todos estos requisitos, y no están en la memoria colectiva como Casablanca. Las imágenes de Bogart, Bergman, Sam, están en nuestra retina y los identificamos inmediatamente. Nos encanta el pícaro Renault, nos burlamos del idealista Lazslo, odiamos a los arrogantes nazis, nos identificamos con el amor imposible e inacabado de Rick e Ilsa.

No es suficiente.

Casablanca debería haber sido un fracaso desde el principio, nunca debió rodarse. La obra teatral en la que se inspiró nunca se escenificó, los guionistas nunca estuvieron de acuerdo entre sí, los candidatos a actores protagonistas se sucedían porque nadie quería trabajar con esa actriz sueca desconocida llamada Ingrid Bergman. Bogart fue el séptimo candidato al papel, supongo que a la desesperada, porque ella era 20cm más alta que él. Los directores atados al estudio se sustituyeron hasta el último momento, la película propagandística que debía ser se convirtió en una sucesión de tópicos que nunca gustaron a los hermanos Warner, los actores se aborrecían entre sí, el final se decidió en el último momento, la censura visitaba diariamente el plató y rechazaba sistemáticamente casi todo el argumento… Todos deseaban terminar cuanto antes.

Pero es justo cuando se dan esas circunstancias desfavorables, cuando todo indica que lo mejor es dejarlo y dedicarse a hacer otra cosa, cuando aparece la magia del cine, une todos esos elementos y se manifiesta.

Tal vez no ahora, tal vez no mañana, pero más tarde, toda la vida

Y convierte una película barata, sin consistencia, vendida, llena de tópicos, con protagonistas planos e inexpresivos, llena de clichés y errores argumentales y técnicos, en un clásico.

Y así, as time go by, el tiempo pasa y resulta que una película más de la maquinaria propagandística del Hollywood de los años 40, pasa de ser una obra correcta a ser alabada por la crítica y el público, a exhibirse periódicamente en cine y televisión, y a ser calificada por el American Film Institute como la mejor película estadounidense de todos los tiempos.

Una película irrepetible

Entonces, ¿esta es la fórmula para crear un clásico instantáneo? Rotundamente no.

La prueba empírica la realizó entre noviembre y diciembre de 1982 el escritor y periodista independiente Chuck Ross. Escribió el mismo guión de Casablanca pero regresando al título original «Todos vienen al Café de Rick», cambiando el nombre del pianista Sam al de Dooley, que era el nombre del actor que lo interpreta, Dooley Wilson. Por cierto, Dooley era baterista, no sabía tocar el piano. Otra impostura más.

Chuck Ross lo envió a 217 agencias haciéndolo pasar como el guión de un escritor desconocido. 97 agencias lo devolvieron sin haberlo leído, 7 nunca lo leyeron y 18 copias se devolvieron como perdidas en el correo.

De las 85 agencias que lo leyeron, 38 lo descalificaron, 33 lo reconocieron en términos generales (de las cuales 8 no se dieron cuenta que era exactamente el guión de Casablanca), 3 lo declararon como económicamente viable y sólo una sugirió enviarlo a otra agencia para su transformación en una novela.

Las mejores escenas de Casablanca
Otras curiosidades

Se grabaron cuatro frases para el final de la película:

  • “Louis, comienzo a ver una razón para su repentino ataque de patriotismo: mientras defiende a su país, usted también protege su inversión”
  • “Si muere como un héroe, que el cielo proteja a los ángeles”
  • “Louis, debí haber sabido que usted mezclaría su patriotismo con sus intereses”
  • “Louis, pienso que éste es el comienzo de una hermosa amistad”, la elegida finalmente

La producción comenzó el 25 de mayo de 1942 y finalizó el 3 de agosto del mismo año. Hasta dos meses después no se decidió cómo finalizaría la película. Los finales alternativos incluyeron el noviazgo de Ilsa con Rick (se consideraba poco apropiado que una mujer dejara a su marido); con Rick e Ilsa asesinados y Víctor escapando (demasiado fuerte); y Víctor asesinado (políticamente inviable).

El equivalente clásico de romper por Whatsapp

Una serie de TV basada en Casablanca apareció en el canal norteamericano ABC en septiembre de 1955, con Charles McGraw en el papel de Rick. Sin embargo, fue suspendida después de una temporada. Una segunda serie se filmó en 1983, con David Soul (el rubio de Starsky & Hutch) como Rick y Ray Liotta como Sasha, el camarero, pero esta también fue cancelada solo tres semanas después.

El austríaco Paul Henreid, que interpretó el papel de Víctor Lazlo, lo rechazó en principio, pero, después de iniciarse la guerra, los Estados Unidos comenzaron a deportar a muchos extranjeros, sin importar su ideología. Henreid, opositor al nazismo, aprovechó finalmente el contrato de la Warner para salvar su vida.

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