Eurovisión representa lo mejor y lo peor de una percepción que trasciende fronteras, geografía o cultura. Surgido como concepto a finales de los años 50 del siglo XX, los países que remontaban económicamente la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial pretendían mostrar su superioridad tecnológica probando los límites de las tecnologías de comunicación, realizando transmisiones en vivo para una audiencia transfronteriza. Conocido internacionalmente como Eurovision Song Contest, el festival de la canción no ha dejado de emitirse ni una sola vez desde hace 65 años hasta que en 2020, debido a la pandemia del coronavirus, fue aplazado.

El Festival de Música de San Remo nació en 1951 para el público italiano, y sirvió de ejemplo para el Festival de la Canción de Eurovisión unos años después, con unas reglas parecidas y similares características. El ideólogo del concurso fue Marcel Bezençon, miembro de la UER (siglas de la Unión Europea de la Radiodifusión o European Broadcasting Union), cuya primera edición contó con solo siete participantes. La sintonía oficial del Festival de Eurovisión es el “Prélude du Te Deum”, compuesto por el compositor del barroco francés Marc-Antoine Charpentier. El programa fue primeramente conocido como el «Eurovision Grand Prix», adoptado por los países francófonos, así como por Dinamarca y Noruega, donde la competición pasó a ser conocida como «Le Grand-Prix Eurovision de la Chanson Européenne». El nombre «Eurovision» fue primeramente usado para referirse a la UER por el periodista británico George Campey en el Evening Standard el 5 de noviembre de 1951.

Eurovisión se pensó inicialmente para ser retransmitido por radio, pero en 1956 ya existían muchos aparatos de televisión en los hogares europeos, por lo que se decidió dar el salto a esta tecnología. En esos días una transmisión simultánea a varios países era un proyecto muy ambicioso ya que la televisión por satélite no existía. Por ello, la UER tuvo que utilizar la transmisión por microondas. Ese año, las emisoras integrantes de la UER disfrutaron del primer festival. La Comunidad Económica Europea, precursora de la actual Unión Europea, invitó a los países miembros a llevar el ocio a los países del continente a través de una nueva tecnología doméstica, la televisión, en aquel momento al alcance solo de unos pocos. Actualmente, la UER representa a 117 miembros de 56 países y 34 asociados en Asia, África, Oceanía y América.

Hoy son más de 40 los países que concursan, entre semifinales y la final, y Eurovisión, el programa de televisión más longevo del continente europeo, se ha convertido en algunos países en una cuestión de importancia nacional. El aumento de participantes fue paulatino a partir de la década de 1990, con el final de la Guerra Fría, ya que muchos países de la Europa del Este comenzaron a competir por primera vez. Debido al incremento de miembros en la UER, en 2004 se impuso el formato de semifinales en el concurso, donde todos los países excepto los Big Five, o los cinco países que más aportan al UER, deben pasar una prueba previa y quedar entre los 10 primeros. Los países exentos de las pruebas de semifinal son España, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido, más el país anfitrión.

La pasión del festival

El eurofan Germán Pérez nos comenta: “Eurovisión es cultura, geografía e incluso aprendizaje. Conoces otros países, otras costumbres, otras formas de entender la música. Ahora está bastante de moda pero los que hemos sido fans desde siempre lo hemos sido de toda la vida. Antes te preguntaban, ¿pero tú ves eso? Y ahora lo ve todo el mundo”.

Desde 1956, la parte musical del Festival no ha sufrido grandes cambios y mantiene el espíritu de las primeras ediciones. Cada país es representado por un ente televisivo que elige un intérprete y una canción para defender los colores nacionales. En cambio, la parte de las votaciones ha sufrido numerosas variaciones. Hasta 1997 un jurado profesional realizaba las votaciones: doce puntos a la canción favorita, diez a la segunda, ocho a la tercera y así de uno en uno hasta la décima canción, que recibe un único punto. A partir de 1997 por primera vez los telespectadores pudieron votar por sus artistas favoritos, cuyo resultado se suma al del jurado profesional. La expansión del televoto fue muy rápida, pero el público no quedó muy satisfecho a pesar de esta nueva “democracia europea eurovisiva”. Raro es el año que el televoto no ha dado un vuelco a las votaciones finales.

Creación con hilos del logo de Eurovisión para la RTF
Fuente: Colossal

“Hay países que han sido muy castigados”, dice Germán. “Portugal, Polonia, Chipre, Islandia, Malta, por ejemplo, se esfuerzan en hacer preselecciones y buena música pero nunca ganan. Alemania y España son los que más eurofans aportan y hay muy buen rollo con holandeses y británicos. De hecho, estos últimos nos preguntan mucho cómo es que con el potencial folklórico que tenemos en España no mandamos más flamenco. De hecho el “Quién maneja mi barca” de Remedios Amaya les encanta”.

Por otro lado existe la polémica, de la que hablaremos más tarde, del intercambio de votos entre países afines. Los primeros cambios en el sistema de votaciones tras el cuádruple empate de 1969 provocaron que el número de puntos de los países ganadores estuviera prácticamente estancado desde la década de 1970 hasta la del 2000, a pesar del aumento de países participantes, lo cual indica poca unanimidad a la hora de decidir la canción ganadora. En los últimos años, aunque el número de posibles puntos en el recuento ha aumentado, sigue siendo uniforme, con la excepción en 2017 de la canción de Salvador Sobral “Amar pelos dois”, en la que hubo unanimidad de casi todos los países participantes en que era la mejor canción del festival y estuvieron de acuerdo en concederle la máxima puntuación. Este tema ostenta el récord de puntos de todas las ediciones.

En 65 ediciones, prácticamente todos los países de Europa han participado, e incluso otros que no pertenecen al ámbito geográfico europeo, son habituales en el Festival. Es el caso de Australia, que ha transmitido el Festival de Eurovisión cada año desde 1983. Las normas del Festival dictan que los países participantes deben pertenecer a la UER y se deben encontrar situados en una zona geográfica comprendida entre el paralelo 30 norte y el meridiano 40 este, teniendo como referencia el meridiano de Greenwich.

En 2015 la UER se saltó sus propias normas y decidió que Australia podría participar en el concurso en honor a la fidelidad que el país tiene con el festival. La condición que impuso la UER a Australia para participar en el Festival de Eurovisión fue que, de ganar el certamen, repetiría su representación pero nunca se celebrará físicamente en el país oceánico, pudiendo elegir cualquier televisión de los miembros de la UER para organizarlo. En 2019 Australia era una de las grandes favoritas para ganar el Festival y su delegación anunció que de ser así, lo celebraría el año siguiente en Barcelona. De esta forma, España cuenta con doble ventaja para acoger el Festival de Eurovisión.

Armenia, Azerbaiyán o Georgia tampoco se encuentran dentro de la norma geográfica pero sí pertenecen a la UER, por lo que tienen derecho a presentar sus candidaturas. Sin embargo, Marruecos, Túnez o Egipto sí cumplen la norma geográfica pero no pertenecen a la UER. Parece que, mientras los miembros paguen, la UER es flexible con las reglas. De hecho, en 2016 Rumania fue expulsada de Eurovisión 2016 debido a la deuda impagada a la organización. En el caso de Marruecos, el país solo ha participado una vez en Eurovisión, en 1980, con la canción “Bitaqat Hob”, intepretada por Samira Said, quedando en el puesto 18.

Actuación de Samira Said en Eurovisión 1980

Israel es otro país que cumple la normativa y, de hecho, ha ganado Eurovisión en cuatro ocasiones. Tiene el borrón de haber ganado el Festival en 1979 pero renunció a ser anfitrión el año siguiente ya que la celebración del evento coincidía con el Día de la Memoria de Israel. Irlanda tiene el honor de ser el país que más veces ha ganado el concurso, en siete ocasiones, seguida de Suecia, en seis. Les siguen Luxemburgo, Reino Unido, Francia y Países Bajos, con cinco victorias respectivamente.

En el siguiente gráfico puede ver los detalles de todos los países ganadores pulsando en cada burbuja.

España en Eurovisión

Nuestro país se apuntó al concurso unos años más tarde, concretamente en 1961, siendo nuestra representante Conchita Bautista con la celebérrima “Estando contigo”. Desde entonces no ha faltado a ninguna cita en las 60 ediciones posteriores, siendo parte de los Big Five, o los cinco países que más aportan a la UER para la celebración del Festival, lo cual nos da derecho a participar directamente en la final. Por él han pasado auténticos iconos nacionales, como Raphael, Julio Iglesias o Peret, y nuestro país ha vencido en dos ocasiones: en 1968 con Massiel y su “La, la, la…” y en 1969 con Salomé y “Vivo cantando”.

En la siguiente línea de tiempo puede repasar curiosidades y anécdotas de todos los temas que España ha enviado a Eurovisión. Puede avanzar más rápido arrastrando los años en la parte inferior.


Elaboración: David Melero

La de 1969 ha sido la única edición en la que España ha organizado el Festival de Eurovisión, un sábado 29 de marzo, en el Teatro Real de Madrid. El régimen dictatorial de Franco quiso aprovechar la circunstancia para lavar su imagen por lo que no reparó en gastos, invirtiendo 100 millones de pesetas de entonces. Las expectativas se basaban en crear un espectáculo sin precedentes que llegaría a una audiencia potencial de 500 millones de espectadores, ya que el festival no solo fue emitido en los 16 países participantes, sino que también fue retransmitido en otros como Brasil, Chile, Puerto Rico, la Unión Soviética, Marruecos, Túnez, Polonia y Rumanía, entre otros. TVE invirtió en las mejores tecnologías y sería la primera vez que se retransmitiría en España un programa a color. Sin embargo, los españoles tuvieron que verlo en blanco y negro ya que por aquel entonces aún no se habían comercializado las televisiones a color.

Cartel diseñado por Salvador Dalí para el Festival de Eurovisión de 1969
Fuente: OGAE

En enero el Gobierno había decretado el estado de alarma a causa de los conflictos universitarios y la progresiva agitación estudiantil que vivía el país, pero durante la semana del Festival decidió derogar el estado de excepción para que el resto de Europa pudiera comprobar que España era un país presidido por “la paz y el orden”. Sin embargo, Austria decidió no participar como boicot al régimen y en Suecia se produjeron manifestaciones ante la embajada española exigiendo la liberación de ciertos presos políticos, hecho que, según dijo Salomé en 2004, se hizo efectivo.

Por primera vez se diseñaría un cartel anunciador, y el encargado fue el pintor Salvador Dalí, que también diseñó toda la publicidad relacionada con el evento. En el centro del escenario destacaba una escultura realizada por Amadeo Gabino, de cinco metros de altura y 350 kilos de peso. La seguridad fue reforzada durante toda la semana previa a la celebración del concurso ya que incluso se produjo una amenaza de bomba. En esa edición se dio la circunstancia, nunca repetida, de un cuádruple empate entre España, Reino Unido, Países Bajos y Francia. Hoy, en caso de empate, ganaría el país a quien haya votado un mayor número de países.

Tú me votas, yo te voto

Las malas clasificaciones de España desde entonces han provocado un sentimiento antieurovisivo entre los ciudadanos, cuestionando si a España le compensa el gasto que supone asistir al Festival cada año, tema que discutiremos más adelante. La calidad de los intérpretes españoles que han acudido al festival es discutible, pero es un mal endémico de todos los países.

¿Qué hay de cierto en el rumor de que los países vecinos se votan entre sí o de acuerdos entre países para que un tema resulte vencedor? Supuestamente, el televoto “democratiza” la elección de la canción vencedora, pero los resultados no difieren demasiado de los votos de los jurados profesionales.

La siguiente gráfica reúne la suma de los votos de los países que han favorecido a España en los últimos 45 años, sumando votos de jurados profesionales y televoto. Pinchando en cada país se pueden comprobar los años de las votaciones.

Efectivamente, son países del ámbito occidental los que más han votado a nuestro país, Portugal o Francia, pero también se encuentran otros como Suiza, Bélgica, Chipre o Israel, que también se han portado bien con España. Sin embargo, otros países “amigos”, como Italia, Reino Unido o Grecia, han sido poco generosos con nosotros. Desde luego, los países nórdicos o la Europa del Este han ignorado tradicionalmente las propuestas musicales españolas.

¿Qué hay de cierto en las alianzas de bloques geográficos para votarse entre sí? Para averiguarlo vamos a analizar el siguiente gráfico de flujo, en el que se suman los votos de cada bloque geopolítico en los últimos 45 años. Para este gráfico se ha usado la clasificación de los cuatro bloques teóricos de Europa de Jesús Manuel Rodrigo Céspedes, basado a su vez en un conocido artículo académico de 2006 del investigador Derek Gatherer. Los datos se han normalizado en porcentajes sobre el total de los votos de cada bloque.

Pinchando en cada bloque del gráfico y entrando en los detalles comprobamos que en los bloques de las dos Europas, la Occidental y la del Este, casi el 50% de los votos son para sí mismos, reduciéndose al 44% en el caso de los países nórdicos. Solo los países balcánicos reparten más equitativamente sus votos entre todos los bloques. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los países de la Europa del Este y los Balcanes se incorporaron al concurso a mediados de los años 90, por lo que la tendencia a votar a países del mismo bloque geopolítico se ha acentuado en los últimos 25 años.

Que la balanza se incline hacia los países de la Europa del Este y nórdicos hace que nos preguntemos: ¿realmente compensa que España participe en un concurso en el que tiene pocas posibilidades de ganar?

La respuesta es compleja. Por un lado, el ejemplo de Portugal en 2017 con la victoria de Salvador Sobral cantando un fado devuelve la esperanza en que la calidad musical prime sobre los intereses geopolíticos.

Por otro, la proyección cultural de España en la celebración de un festival internacional podría no compensar económicamente. Nuestro país ya dispone de suficientes embajadores en cine, arte, música, etc., como para realizar ese gasto. De hecho, la celebración del Festival de 1969 no compensó económicamente al régimen franquista, aunque sí sirvió para que éste se normalizara internacionalmente, además de modernizar la infraestructura tecnológica de las instalaciones de comunicación públicas.

Al respecto, la opinión de Germán Pérez es categórica: “España es uno de los países que menos atención le presta al festival, creo que como está en el Big Five no se esfuerza. España tiene que tomárselo en serio. Habría que reestructurar el tema de Eurovisión en RTVE, porque lo llevan funcionarios a los que no les interesa el evento, solo cubren el expediente. Aparte, las casas discográficas son las que financian el festival y son ellas las que tienen que aportar más dinero”.

Lo importante es participar

En realidad el gasto por participar no es tan exagerado como para la conversación que genera en la opinión pública. No es que RTVE haya sido muy transparente en los gastos del festival. De hecho, han sido necesarias dos sentencias, una del Juzgado Central de lo Contencioso-Administrativo y otra del Tribunal Supremo, además de recurrir a la Ley de Transparencia, para que la corporación hiciera públicos los gastos de Eurovisión desde 2009.

En el siguiente gráfico de barras puede comprobar por año y representante el coste que ha supuesto la inversión de RTVE en el Festival de Eurovisión.

Podemos ver que los gastos nunca han ascendido a más de medio millón de euros, de los cuales dos terceras partes se destinan al pago de RTVE a la UER. Podría considerarse una cantidad alta, pero comparando con otros gastos no lo es tanto para la audiencia que mueve: un partido de la selección puede costar más de 2 millones de euros, un capítulo de Águila Roja casi un millón, cada programa de Master Chef nos cuesta casi medio millón.

Y, a pesar del coste, el público responde y las audiencias demuestran que Eurovisión tiene éxito, no solo el día de la final sino en los procesos de selección. En el siguiente gráfico podemos ver las audiencias de las finales desde que existen registros y, salvo la travesía en el desierto que supusieron los 90 (de hecho, el concurso se relegó a La 2), las audiencias no suelen bajar de los 5 millones de telespectadores.

La conclusión se resume en el lema “lo importante no es ganar sino participar”. España cuenta con la ventaja de tener una plaza asegurada en la final, lo que garantiza que el ejército de eurofans y tuiteros que se juntan cada año para ver el festival sumarán una audiencia considerable que compensará el esfuerzo económico. “El público eurovisivo nunca ha desaparecido, siempre ha gozado de buena salud”, opina Germán Pérez. “Ha sido en España donde se ha maltratado al concurso relegándolo a la segunda cadena, eso sí, con unas audiencias increíbles. Pero en otros países Eurovisión funciona estupendamente. Por ejemplo en Suecia es un acontecimiento nacional. Dicen que aprovechan ese día para robar porque las calles están desiertas”.

Y después qué

Como hemos comentado, Eurovisión ha servido de trampolín para talentos incipientes y también ha consolidado carreras en la música. Sergio Dalma o David Civera eran completos desconocidos cuando acudieron a Eurovisión y aprovecharon la oportunidad para iniciar una carrera de éxito. El paradigma más reciente es el de la escuela de talentos de Operación Triunfo, que ha enviado a cinco representantes directos (Rosa, Beth, Ramón, Amaia y Alfred y Miki Núñez) y a otras dos, Soraya y Edurne, que también salieron de la academia en otras ediciones.

Otros grupos ya consolidados como El sueño de Morfeo o la solista Pastora Soler afianzaron su carrera tras la participación en el concurso. “La mayoría de las veces los fracasos de España han sido merecidos, unas veces por la canción, otras por la poca calidad del artista”, nos cuenta Germán. “Hay cantantes a los que no les llega la voz en directo, otras veces la producción de RTVE es pésima. Pero hay ocasiones que da mucha pena que artistas con tantas tablas y con una buena canción, como Son de Sol, queden en un puesto tan bajo”. Queda la excepción de Rodolfo Chikilicuatre que, por razones obvias, no continuó como cantante. Pero para el actor que lo representó, David Fernández, fue un acicate en su carrera.

Germán Pérez en diversos encuentros eurovisivos. De izquierda a derecha, con Beth, Sergio Dalma y Massiel.
Fuente: Germán Pérez

Con las 60 ediciones, contando la de 2020, en las que España ha  participado se puede realizar un mapa de trazo grueso del reparto del “talento musical eurovisivo” en España. Solo las dos Castillas, Cantabria  e Islas Baleares no han enviado nunca un representante a Eurovisión, siendo Andalucía, Cataluña y Madrid las comunidades que más representantes han aportado al concurso.

¿Realmente participar en Eurovisión es garantía de popularidad? Podemos comprobarlo con la lista de éxitos más longeva de España, la de los 40 Principales, que tiene registros desde su fundación en 1966. En total, 56 temas eurovisivos nacionales e internacionales han entrado en la lista de Los 40, siendo 17 de ellos número uno.

En el siguiente gráfico puede repasar todos los temas históricos que han entrado en Los 40 Principales y su posición en la misma desde la creación de la lista.

Éxitos eurovisivos que han entrado en la lista de los 40 Principales

Fuente: Jorge Tomás
Elaboración: David Melero

Ni todos los ganadores de Eurovisión han sido número uno, ni todos los número uno han ganado Eurovisión, aunque a veces sí. Analizar con perspectiva la lista de Los 40 da una idea de la evolución de los gustos musicales de los españoles en los últimos 50 años, además de los intereses comerciales del Festival. Mientras que en los primeros años entraban en lista canciones que hoy se han convertido en clásicos, podemos comprobar que en los últimos años han triunfado algunos cantantes extranjeros con un estilo bailable muy definido y de éxito más bien efímero.

En la siguiente secuencia puede escuchar los 17 éxitos eurovisivos que han sido número uno en Los 40 Principales y comprobar el cambio de estilos en los últimos 60 años.

Fuente: Jorge Tomás
Elaboración: David Melero

Eurovisión, pasado y futuro

Felicidades: 50 años del Festival de la Canción de Eurovisión fue un programa emitido en 2005 con motivo del 50 aniversario del Festival. Catorce canciones fueron elegidas por votación en internet y por un jurado de la UER de las 1000 que habían pasado hasta entonces por el concurso, para decidir el mejor tema de los primeros 50 años. En representación de España se eligió “Eres tú” de Mocedades, que participó en 1973. La canción ganadora fue el tema “Waterloo” del grupo ABBA, quienes representaron a Suecia en el Festival de 1974, y se considera la mejor canción que ha ganado el Festival en toda su historia. El segundo lugar fue para Domenico Modugno y “Nel blu dipinto di blu” de 1958, también conocida como “Volare”, que en su momento quedó tercera y ostenta el récord de ser la canción más versionada de Eurovisión.

Doménico Modugno canta «Nel blu dipinto di blu» en el Festival de Eurovisión de 1958.

El Festival de la Canción de Eurovisión es el programa de televisión más longevo de la historia de la televisión en Europa y, posiblemente, lo seguirá siendo durante mucho tiempo. Sin embargo, en 2020 tuvo que ser suspendido, como tantos otros eventos, por culpa de la crisis de la COVID-19, por primera vez en 65 ediciones. En su lugar se emitió un programa que recopilaba las actuaciones en formato de videoclip de todos los artistas que se habrían subido al escenario, llamado Europe Shine a Light (Europa enciende una llama), en clara referencia a la esperanza en tiempos difíciles.

Para 2021 se prevé otro tipo de evento en directo aunque, a fecha de realización de este reportaje, aún se desconoce su formato. El intérprete español Blas Cantó repetirá, aunque con otra canción distinta a la que tenía prevista.

¿Qué tiene que ocurrir para que España gane de nuevo el Festival de Eurovisión? Germán Pérez lo tiene claro: “A España no le interesa dejar Eurovisión, la audiencia es muy buena. Pero sí es verdad que necesita aire fresco. Si otra cadena como Tele 5 lo cogiera yo aseguro que en 5 años volvemos a ganar. RTVE se ha quedado obsoleta, no tiene medios ni ganas de promocionar el festival y así es imposible”.

Las 65 ediciones de Eurovisión

Elaboración: David Melero
Fuentes consultadas
Agradecimientos

A Germán Pérez, enciclopedia eurovisiva andante, por responder a todas las preguntas impertinentes y alguna más que le realicé en una entrevista más larga de lo previsto. A Jorge Tomás por proporcionarme datos sobre Los 40 Principales que no imaginaba que existirían.

A mi tutor del Trabajo Fin de Máster, David Varona Aramburu, por su infinita paciencia y disponibilidad, y a mi tutor del Máster, Alejandro Bengoa, por hacerlo todo tan sencillo durante un año.

Este reportaje pertenece al TFM (Trabajo Fin de Máster) del Máster de Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de la Universidad Internacional de La Rioja UNIR.

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