“Si alguien todavía dudaba de que todo es posible en América, que todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores está vivo en nuestros días, que ponga en duda el poder de nuestra democracia, esta noche ha tenido la respuesta.”

Barack Obama

Así daba comienzo Barack Obama, el 4 de noviembre de 2008, el discurso de la victoria en las elecciones del país más poderoso del mundo. Un mulato de ascendencia africana directa irrumpía por primera vez en la Casa Blanca con más de siete millones de votos de ventaja sobre su rival republicano. Se inauguraba una nueva era en Norteamérica, recordando los aires de renovación y esperanza que trajo la presidencia de Kennedy en los 60 a la población afroamericana.

45 años después de que un pastor bautista llamado Martin Luther King hablara de un sueño en la explanada del monumento a Lincoln, en el que el hijo del esclavo daba la mano al hijo del amo, Obama recuperaba su testigo y convertía ese sueño en realidad. Como en un sueño, lejos quedaban los acontecimientos desencadenados por Rosa Parks, encarcelada en 1955 por negarse a ceder su asiento a un blanco en un autobús de Montgomery, o Vivian Malone, joven estudiante rechazada por la Universidad de Tuscaloosa por el color de su piel.

Ya emocionó Barack Obama en su discurso en la Convención Demócrata de 2044, diciendo: “No hay una América negra y una América blanca y una América Latina y una América Asiática: sólo hay los Estados Unidos de América”. La multiculturalidad de su propia familia, de madre blanca estadounidense, padre keniata musulmán, abuela cristiana devota, hermana medio indonesa y diversos hermanastros, probablemente le hiciera creer en esa visión de los Estados Unidos.

En la imagen, Barack Hussein y Ann Dunham, padres de Obama.

¿Qué hubiera pasado si Luther King no hubiera tenido su sueño, en el que se juzgaría a los hombres por su valor personal y no por el color de su piel? Nadie lo sabe, pero probablemente aún habría problemas para que se respetara el acceso de las personas de color a servicios mínimos como educación, sanidad o puestos oficiales, por no hablar del respeto como personas en algunas localidades norteamericanas.

El sueño de Luther King

El llamado activismo por los derechos civiles triunfó cuando se abolieron las medidas segregacionistas, e incluso se incluyeron en la ley de Derechos Civiles firmada por el presidente Johnson en 1964. Estos logros se consiguieron a través de movilizaciones y protestas pacíficas a lo largo de todo el país. De esta forma, Martin Luther King fue la persona más joven en conseguir el Premio Nobel de la Paz, con sólo 35 años, por su lucha pacífica. Barack Obama también siguió su estela, consiguiendo el premio en 2009 con 48.

No son estas las únicas similitudes. Obama, confeso admirador del Dr. King, hizo continuas referencias, tanto en su discurso de agradecimiento como en el de toma de posesión de la presidencia, a las palabras del malogrado líder. Fue en ese discurso de toma de posesión, el 20 de enero de 2009, cuando se reunieron de nuevo, 45 años después, la familia de King y los activistas que arriesgaron su vida por garantizar los derechos civiles y la igualdad racial de los negros. 45 años en los que consiguieron que la población de raza negra consiguiera igualdad en lo básico, como poder inscribirse para votar o viajar en el mismo autobús que los blancos. Incluso algo tan inimaginable de ver en su vida como que un afroamericano ocupara la Casa Blanca.

Diferencias irreconciliables

Pero no debemos ser simplistas e igualar ambas personalidades. Evidentemente, como ha quedado constancia innumerables veces, tanto el sueño de Martin Luther King como el de Obama es conseguir un país sin distinciones de raza. Pero las diferencias no sólo vienen de la multiculturalidad familiar de Obama, representada en sus numerosos viajes alrededor del mundo, frente a las marchas de Luther King, descendiente de esclavos, que apenas salió de Estados Unidos. En contraste con las fuertes convicciones religiosas del pastor, Obama es un hombre que fue educado de forma exquisita, estudiando en las prestigiosas universidades de Columbia y Harvard, gracias a la cual se labró una sólida carrera política desde que, con 35 años, consiguió un puesto en la Asamblea General del Estado de Illinois (Chicago).

La diferencia más significativa son los motivos para la oposición a los conflictos bélicos de Luther King, simbolizados en sus marchas pacíficas y en la convicción de que “la violencia crea más problemas sociales de los que resuelve”. A este respecto, la oposición a la guerra de Irak de Obama pasaba más por un punto de vista económico, al basar su discurso en la insostenibilidad de mantener las tropas norteamericanas en el país.

Mural situado en la calle 46 en S. Western Ave, en Los Ángeles.
Fotografía de 2010. Fuente.

La que sin duda es la mayor diferencia entre ambas figuras es la postura ideológica de Martin Luther King frente al sistema establecido, que pretendía cambiar, situándose a sí mismo como figura moral. Reconoce que la servidumbre psicológica es inherente a la esclavitud física: «siempre y cuando se esclaviza la mente, el cuerpo nunca puede ser libre«. Su análisis del poder es también radical, ya que para el pastor, siempre y cuando los medios no sean violentos, el pueblo debe decidir de qué herramientas dispone para su liberación. Por último, concluye que el capitalismo está estructurado para producir desigualdades hasta el infinito. Por tanto, King se sitúa en una lucha permanente por la libertad física y espiritual, y se opone a los males sociales que el capitalismo ha creado en el mundo.

Obama, por su parte, representa al sistema, es un producto de él. Aunque su elección demuestra una voluntad de cambio, en realidad su posición garantiza la estabilidad de la influencia estadounidense y el mantenimiento del sistema militar más violento y poderoso de la historia. Como presidente, Obama representa los intereses de la clase dominante, de los privilegios de la clase alta, basado en el antagonismo de las clases sociales. Es una clara oposición a los valores que defendía Luther King, que no tenía miedo de ser sincero sobre el papel del capitalismo en el plano de la desigualdad y trabajar para eliminar toda clase de esclavitud física y espiritual a nivel global.

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